Vivimos unos de los momentos mas anodinos de todos los tiempos, tanto es así que no hemos conseguido definir con exactitud la época que nos define, una especie de postcontemporaneidad ecléctica que ha superado ya la modernidad y que bebe de cualquier momento pasado. Sin embargo, parece que este nueva década nos depara bastantes cambios, en el que el clima y descenso de las reservas de petróleo repercuten en nuestros futuro modelo de ciudad.
Estos cambios nos lleva a una especie de época sostenible, en la que los ciudadanos son conscientes de que su estilo de vida repercute en el mundo y son los arquitectos los encargados de traducirlo en nuevos espacios.
Los canarios somos conscientes de que vivimos en un lugar peculiar, que tenemos un territorio limitado, que no podemos consumir , y que un modelo de crecimiento horizontal no parece muy inteligente para los tiempos que corren.
La experiencia nos dice , que los modelos de crecimiento verticales son mucho mas sostenibles, ya que concentramos todo lo necesario frente a la dispersión que nos obliga al consumo energético de transporte. La ciudad vertical no solo permite ahorro en transporte, además, intensifica la cultura y el conocimiento, dado que son mas personas viviendo en un mismo punto y aportando ideas.
No se entiende por tanto, como, la normativa edificatoria, obliga a los edificios a no superar un máximo de 7 plantas en la mayor parte de la ciudad, y seguimos construyendo arquitectura para almacenar gente en la periferia obligando al consumo de energía por transporte. Esperemos que los próximo planes generales piensen menos en buscar fincas para urbanizar, y mas en, solucionar el problema de la vivienda dentro de la urbe, flexibilizando una normativa que nos permita liberarnos mas en altura.
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